sábado, 22 de agosto de 2009

Dejada nocturna


-La noche es como un pastel. Nadie quiere quedarse sin darle su mordida. El noctámbulo, el que sale a divertirse, siempre tiene dinero; y la puta, el ratero, el policía compiten para sacárselo. Uno también se lleva su parte pero a cambio de un servicio y solamente por eso. A veces la hace uno de pilmamo, de confesor y hasta de psiquiatra. ¡Si viera la cantidad de gente que viaja en taxi para platicar con alguien! Hay pasajeros que me cuentan sus problemas y se ponen a llorar, me piden algún consejo. Esta ciudad está llena de gente solitaria que quiere ser escuchada.


“Yo empiezo mi trabajo cuando los demás están saliendo del suyo. A mis primeros clientes de la noche los recojo afuera de las oficinas. Después me toca llevar parejas que van a cenar, a ver variedades o de plano a reventarse. Luego no cae más que uno que otro desbalagado. Y ya de madrugada empieza el desfile de borrachos hasta las primeras horas del amanecer en que uno lleva putas y meseros.

“El taxista tiene que conocer a la gente, y debe saber comportarse tan caballeroso o tan canijo como su cliente. Yo no puedo tratar igual a un señor que sale de su oficina que a un borracho que sale un cabaret de mala muerte. Aunque la verdad, la mayoría de las veces son la misma persona, sólo que con varias copas de diferencia.

“En la noche uno se encuentra con todo tipo de gente, por eso debe ser selectivo. Yo prefiero llevar familias que hombres solos y mucho menos si son jóvenes. Cuando me hacen la parada nunca me detengo enfrente de ellos sino a unos cuantos pasos. En lo que vienen hacia el coche ya me fijé cuántos son y qué aspecto tienen. Sucede muy frecuentemente que a veces uno hace la parada, queda en el costo de la dejada y de repente, quién sabe de dónde, le aparecen un montón de acompañantes al pasajero del principio. Otras veces le indican a uno un rumbo y luego cambian de opinión. Eso ocurre cuando lleva uno gente tomada. Son de lo más problemática. Yo siempre les pido que antes de quedarse dormidos me digan a dónde van. Para acabarla de amolar hasta ensucian el coche o ya no quieren pagarme. Hay gente que es capaz de soplarse dos o tres mil pesos en una parranda pero no quiere o no tiene para pagar los 50 del taxi.

“En la noche el tránsito es más tranquilo. Además, después de las diez se acaba el No circula. La policía molesta poco porque sabe que los taxistas somos muy chillones y difícilmente nos saca algo. Si nos pasamos un alto, damos vuelta prohibida o vamos en sentido contrario, con un diez o cuando mucho un veinte nos deja ir.

“Si no fuera por los accidentes y los asaltos podría uno disfrutar más de la noche. A esta hora la gente está más tranquila y anda de farra y hasta es más fácil conseguir romance, ¿no cree usted?"

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